El árbol torcido del liderazgo y la comunicación (1era parte)
Es asombroso
cómo se crea una cultura sobre la manipulación y la trapisonda. Lo más
inquietante es que personas que se dicen sinceras y hasta espirituales ven el
problema, lo justifican y lo reproducen. Se pueden observar líderes que se
proclaman revolucionarios, gremiales, religiosos, espirituales, pastores y
sacerdotes. Pero lo más triste es que la docencia y la formación en el país
están sustentadas en esta cultura, que se multiplica e impone.
Manuales de poder y prestigio vacío
Con toda
razón Maquiavelo escribe El príncipe y se convierte en un libro de
cabecera de muchos líderes. Hoy día existen textos como Las 48 leyes del
poder, que describen estrategias basadas en la desconfianza y la
manipulación. Algunas de estas leyes dicen:
- “Nunca
confíes mucho en tus amigos, aprende a utilizar a tus enemigos.”
- “Disimula
tus intenciones.”
- “Di
menos de lo necesario.”
- “Casi
todo depende de tu prestigio, defiéndelo a muerte.”
- “Busca
llamar la atención a cualquier precio.”
- “Logra
que otros trabajen para ti, pero no dejes de llevarte los laureles.”
- “Haz
que la gente dependa de ti.”
Prácticamente
aquí se resume el sustento de la cultura que nos mantiene en un atraso que no
augura nada bueno para un país como el nuestro.
El árbol torcido del liderazgo
He aquí lo
que considero el árbol torcido del liderazgo y la responsabilidad
organizacional y social. Desde la familia, comenzando con la simple pareja, se
desarrolla este tipo de liderazgo y se ignora totalmente la necesidad de crear
espacios de sinceridad, de merecer confianza y de sembrarla para poder
cosecharla. Normalmente se fundamenta el liderazgo en el poder y la autoridad
que se deriva de él. Se usan recursos del alto management para
manipular, pero no para educar y crear equipos de alto rendimiento, donde todos
sean líderes en sus espacios y las organizaciones puedan crecer aprovechando
los cerebros disponibles, lo que tiene como resultado una inteligencia
colectiva superior.
Liderazgo frágil y dependiente
Este liderazgo
promueve una imagen cultural a través de los medios de comunicación y los
diferentes canales de formación social, donde se limitan a una comunicación
sobre lo necesario para mantenerse sobreviviendo y logrando objetivos
individualistas y de corto plazo. Se ha visto que la mayoría de las
organizaciones sustentadas en este tipo de liderazgo desaparecen o se debilitan
cuando ya no está el líder providencial.
El mecanismo y la solución
Existe un
primer axioma en la comunicación que dice que es imposible no comunicar. En
este nivel, que llamamos comunicación común, lo importante está en que, cuando
tomamos conciencia de que ese es el tipo de comunicación que usamos en nuestro
desenvolvimiento diario, vemos que muchas veces comunicamos todo lo contrario a
lo que nos conviene, a lo que deseamos, a lo que podría favorecer un
crecimiento individual y colectivo.
Algunos, con
buenas intenciones, hablan de lo que llaman comunicación efectiva. Y sí, es
necesaria en cualquier interacción social. Pero la comunicación efectiva, o la
comunicación común, no crean estructuras sociales fuertes. Se necesita lo que
hoy día se conoce como comunicación para el desarrollo (CpD), donde los
interactuantes se comprometen en un proceso en el que todos están
permanentemente creando conocimiento y condiciones para cambiar su vida para
mejor.
Conclusión
Los cambios
no se producen por decreto. Quienes quieran pueden intentar enderezar el árbol,
pero esto requiere esfuerzo y cambios que deben comenzar en quienes desean que
se produzcan. Sin embargo, estos cambios son imposibles si no se hacen en
conjunto con otros que compartan el mismo propósito y junto a los cuales se
transite el camino hacia la mejoría continua de la comunicación.
La CpD es la única vía para enderezar el árbol torcido del liderazgo y
construir organizaciones sostenibles.
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