El árbol torcido del liderazgo y la comunicación

Es asombroso cómo se ha creado una cultura de manipulación y trapisonda. Lo más inquietante es que personas que se dicen sinceras y hasta espirituales ven el problema, lo justifican y lo reproducen. Se observan líderes que se proclaman revolucionarios, gremiales, religiosos, pastores y sacerdotes. Pero lo más triste es que la docencia y la formación en el país están sustentadas en esta cultura, que se multiplica e impone.

No es casual que El príncipe de Maquiavelo se haya convertido en libro de cabecera de muchos líderes, ni que textos como Las 48 leyes del poder describan estrategias basadas en la desconfianza, la manipulación y la dependencia. Este es el verdadero árbol torcido del liderazgo y la responsabilidad social.

🔍 Profesiones invisibilizadas: químicos y agropecuarios

He convivido con dos profesiones que considero vitales: soy ingeniero químico y, a través de la especialidad de postcosecha, llevo más de 30 años en el sector agropecuario, clave para la seguridad alimentaria del país. Sin embargo, tanto los ingenieros químicos como los técnicos agropecuarios permanecen relegados en la opinión pública, sin el reconocimiento que merecen por su aporte a la salud, la educación y la sobrevivencia nacional.

La raíz del problema está en que ambos sectores esperan que el gobierno les cree las condiciones y les suministre la logística necesaria, como un “padre consentidor”. Pero la mayor dificultad es su dispersión y la incapacidad para articularse en organismos que generen inteligencia colectiva. Se han conformado con una comunicación insuficiente, lejos de la verdadera comunicación para el desarrollo (CpD).

Las parejas suelen recibir la recomendación de “entenderse”; pero no se les educa para aprender de las diferencias, que deberían ser complemento y no fuente de separación. Los padres, muchas veces, recurren a la autoridad o al exceso de “amor”, igual que los profesores, que se conforman con ser entendidos sin crear verdaderas comunidades educativas.

Un amigo que también fue mi profesor dice que ha asumido la filosofía de que “cada cabeza es un mundo”. Y es cierto: por eso cada uno de nosotros debe estar atento a cómo los demás ven el mundo, para aprender y ampliar nuestra propia visión. De esas diferencias surge la división social del trabajo y la existencia de una sociedad donde el todo es mayor que la suma de sus partes, y donde cada parte aporta su especialidad para completar el accionar que permite la existencia del todo.

🔄 Los tres niveles de comunicación

  • Comunicación común: inevitable, pero insuficiente. Muchas veces transmite lo contrario de lo que conviene.
  • Comunicación efectiva: necesaria para reducir errores y lograr entendimiento, pero aún limitada.
  • Comunicación para el desarrollo: el nivel superior, donde los actores se comprometen en procesos de cocreación, construyen conocimiento, generan vínculos y transforman sus circunstancias.

"El segundo axioma de la comunicación de Paul Watzlawick establece que toda interacción tiene un nivel de contenido (lo que se dice, la información) y un nivel de relación (cómo debe entenderse el mensaje según la conexión entre los interlocutores). El nivel de relación clasifica al de contenido, determinando cómo se interpreta".

Vamos a utilizar la CpD para encontrar como darnos las manos caminando juntos y construyendo los caminos necesarios.  

En el plano organizacional

  • Las instituciones, comunidades y países que creen que el fortalecimiento se decide en una oficina o por la autoridad de un líder, repiten crisis y debilidades.
  • La docencia y la formación profesional, cuando se sustentan en culturas de manipulación y prestigio vacío, producen resultados pobres y frágiles.
  • La CpD, en cambio, crea estructuras sociales fuertes porque convierte la comunicación en un tejido de relaciones significativas que sostienen la vida colectiva.

Conclusión provocadora

El verdadero desarrollo organizacional no se logra con decretos ni con líderes providenciales. Se logra con comunicación para el desarrollo, donde cada interacción es un espacio de sinceridad, confianza y cocreación. Solo así el árbol torcido del liderazgo manipulador puede enderezarse, porque el entorno se convierte en campo fértil de transformación.

La CpD no es un lujo ni un concepto académico: es la condición indispensable para que las organizaciones, incluyendo la familia, las comunidades y el país puedan crecer de manera sostenible.

Sin CpD, el árbol sigue torcido; con CpD, el colectivo se convierte en fuerza de cambio y transformación positiva.


 

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