El error estratégico que no queremos volver a cometer
Cuando intenté
llevar el PCT al CODIA(1989/1990), lo hice convencido de que allí, el partido, existían
los valores y la madurez suficientes para aprovechar un proceso serio de
diagnóstico y transformación institucional.
Mi
planteamiento era claro:
- Realizar
un diagnóstico técnico y honesto de la situación.
- Identificar
los problemas prioritarios.
- Formular
propuestas viables, de bajo costo y de rápida implementación.
- Conformar
mesas de trabajo con profesionales competentes y comprometidos.
No era una
propuesta ideológica. Era una propuesta metodológica.
Porque ninguna
institución mejora por discursos; mejora cuando se somete a un diagnóstico
serio y actúa en consecuencia.
El atajo que debilitó el proceso
En ese momento,
sectores vinculados al MIUCA —entre ellos Mario Zuriel, quien había sido
secretario general universitario— promovieron la idea de que era posible
alcanzar la dirección del CODIA sin pasar por ese proceso de construcción
interna, sin el trabajo previo de reflexión estratégica, sin la creación de una
base cohesionada alrededor de objetivos comunes.
El resultado
fue el esperado:
Se logró una presidencia.
No se logró una transformación.
Y esto no es un
ataque personal. Es una lección institucional.
Llegar al poder
sin proyecto es llegar vacío.
Y el vacío se nota.
La lección organizacional que no debemos ignorar
Ninguna
organización social, política, religiosa, académica o profesional puede
producir resultados consistentes si no cumple tres condiciones mínimas:
- Objetivos
estratégicos claramente definidos.
- Un grupo
núcleo que se identifique profundamente con esos objetivos.
- Disciplina
organizacional para ejecutar y dar seguimiento.
Sin estos tres
elementos, lo que se produce son eventos aislados, acciones dispersas y
esfuerzos que desaparecen cuando desaparece la persona que los impulsó.
Una
organización no puede depender de individuos carismáticos.
Debe depender de una estructura estratégica compartida.
El problema real del CODIA y del Núcleo de Ingeniería
Química
El problema no
es electoral.
El problema es estratégico.
Mientras no
exista:
- Una visión
compartida de lo que debe ser el CODIA en los próximos 10 años.
- Una agenda
mínima consensuada.
- Un pequeño
grupo cohesionado dispuesto a sostener esa agenda en el tiempo.
Seguirán
repitiéndose los mismos ciclos: entusiasmo inicial, gestión dispersa, y regreso
al punto de partida.
Y en el caso
del Núcleo de Ingeniería Química, el riesgo es aún mayor: una profesión
estratégica para el desarrollo industrial del país sin articulación, sin
incidencia y sin posicionamiento nacional.
Eso no es un
problema administrativo.
Es un problema de liderazgo colectivo.
La propuesta: estrategia antes que candidatura
Lo que propongo
no es lanzar otra candidatura.
Es construir primero una estrategia.
Esa estrategia
debería incluir:
1. Definición de objetivos estratégicos claros
Por ejemplo:
- Fortalecimiento
técnico del gremio.
- Incidencia
en políticas públicas relacionadas con industria y tecnología.
- Formación
continua de alto nivel.
- Vinculación
con sector productivo.
2. Identificación de un grupo núcleo
Un grupo
pequeño (5–10 personas) que:
- Asuma esos
objetivos como propios.
- Trabaje
con disciplina.
- Se
comprometa a sostener la línea estratégica más allá de un período.
3. Plan de acción gradual
Acciones
concretas que:
- No
requieran grandes recursos.
- Sean
medibles.
- Generen
credibilidad progresiva.
La verdad incómoda
Si no existe un
grupo dispuesto a asumir esto con convicción y sacrificio, lo demás será
retórica.
Y tú sabes, por
tu experiencia organizando grupos a todos los niveles, que sin masa crítica
comprometida no hay transformación posible.
No es cuestión
de buena intención.
Es cuestión de estructura estratégica.
OJO
Razones de este planteamiento
Frente a la
realidad actual del CODIA, resulta necesario elevar la discusión. No se trata
de coyunturas electorales ni de voluntades individuales, sino de condiciones
estructurales.
Si el CODIA
aspira a crecer, influir y consolidarse, debe garantizar las condiciones sine
qua non que hacen posible una organización inteligente. Sin ellas,
cualquier gestión estará condenada a la improvisación y a la discontinuidad.
Este
documento busca, precisamente, definir esas condiciones mínimas y colocar la
conversación en el terreno estratégico donde debe estar.
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