“Ocho décadas después, ¿funciona el sistema simple del CODIA?”
El Colegio
Dominicano de Ingenieros, Arquitectos y Agrimensores (CODIA), se acerca a sus
81 años de existencia.
Nació primero como la Asociación Dominicana de Ingenieros y Arquitectos y luego
evolucionó hacia el colegio que hoy conocemos.
Ocho décadas
deberían significar madurez, influencia y consolidación histórica.
Sin embargo,
si observamos mínimamente nuestra trayectoria, surge una pregunta incómoda:
¿Hemos
avanzado al ritmo que exige la trascendencia de nuestras profesiones o hemos
retrocedido en cohesión, influencia y compromiso?
Durante años
hemos repetido los mismos argumentos, las mismas quejas, las mismas
explicaciones.
Pero repetir diagnósticos no transforma instituciones.
Tal vez ha
llegado el momento de revisar no solo las normas, sino las estrategias, las
metodologías y la visión con que hemos dirigido nuestra extraordinaria
institución.
Aquí
conviene recordar el principio formulado por John Gall en su obra Systemantics:
“Un sistema complejo que funciona ha evolucionado a partir de un sistema
simple que funcionaba.”
El CODIA es
una organización compleja: estatutos, núcleos, regionales, reglamentos,
estructuras formales.
Pero la
pregunta es más profunda:
¿Está
funcionando el sistema simple que debe sostener todo eso?
En un
gremio, ese sistema simple no es el estatuto ni el organigrama.
Es la confianza entre sus miembros y sus dirigentes.
Es el sentido de pertenencia.
Es la identificación real con la institución.
Cuando el
colegiado siente que el CODIA lo representa, lo escucha y lo respeta, participa.
Cuando no lo siente, se distancia.
Sin
confianza, la estructura se vuelve formal.
Con confianza, la estructura cobra vida.
Si queremos
que el CODIA recupere y proyecte la grandeza que su historia merece, debemos
comenzar por lo esencial:
Primero
cohesión.
Luego expansión.
Primero
vínculo.
Luego poder institucional.
Después de
81 años, no necesitamos más complejidad.
Necesitamos que lo simple vuelva a funcionar.
Y lo simple,
en toda organización humana, se llama confianza.
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