La ingeniería química: el recurso estratégico que la República Dominicana está desperdiciando

 

Un desperdicio que deberíamos considerar un escándalo nacional

En República Dominicana pueden existir más de mil ingenieros químicos formados con gran esfuerzo personal y familiar, que tras recibir un título exigente terminaron trabajando en áreas totalmente ajenas a su campo. Esa cifra debería preocuparnos como país. No solo por el desperdicio profesional, sino porque revela un dato más grave: estamos desaprovechando una capacidad estratégica necesaria para industrializar la nación.

La ingeniería química no es un lujo académico

La ingeniería química no es una especialidad de laboratorio. Es la columna técnica que sostiene la producción industrial moderna: alimentos, energía, farmacéutica, cosmética, plásticos, petroquímica, materiales, tratamiento de aguas y biotecnología. En los países que lograron dar un salto industrial —Corea, Taiwán, Brasil, Chile— esta carrera fue insustituible, porque transforma materias primas en valor agregado y conocimiento en productos exportables.

La paradoja dominicana

En cambio, en República Dominicana sucede una paradoja penosa. El Estado habla de industrialización, pero no integra a los ingenieros químicos en las políticas de industria. El sector privado improvisa líneas productivas, pero rara vez incorpora capacidades científico-técnicas. Las universidades forman profesionales, pero no diseñan pasarelas hacia la industria real ni ajustan currículos según las necesidades del mercado. Y el CODIA, que debería ser un actor articulador y una voz estratégica, permanece mayormente ausente del debate nacional sobre desarrollo industrial.

El costo de la desconexión

La consecuencia de estas desconexiones es un círculo vicioso: el país importa lo que podría producir, los profesionales se infraemplean, la industria no innova, y el desarrollo se posterga indefinidamente.

La pregunta es inevitable:
¿puede un país despegar si desperdicia a quienes convierten materias primas en productos y procesos?

Un tema que va más allá del gremio

Lo que está en juego no es el orgullo de un gremio. Es la capacidad de producir en vez de importar. Es la posibilidad de diseñar sustitución competitiva, innovar en alimentos, avanzar en energía sostenible, procesar recursos naturales, mejorar la seguridad alimentaria y crear valor exportable. Todo eso requiere ingenieros químicos bien integrados en la economía real.

Hoy, esa integración no existe.

Oportunidades estratégicas que el país está dejando pasar

Pero el país tiene oportunidades abiertas: la transición energética, la sostenibilidad ambiental, el fortalecimiento agroalimentario, la biotecnología y el tratamiento de aguas. En cada una de ellas, el Ministerio de Industria y Comercio, el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología, el Ministerio de Agricultura y el propio sector empresarial podrían convertir la ingeniería química en un multiplicador de desarrollo, eficiencia y soberanía. Pero para que eso ocurra, hace falta una visión que hoy no está instalada.

Una propuesta mínima viable

Por eso se vuelve urgente crear un círculo estratégico de ingeniería química, con tres misiones mínimas:

  1. Revalorizar la carrera, explicando su rol en la soberanía industrial del país.
  2. Conectar oferta y demanda, ligando universidad, empresa, Estado y profesionales.
  3. Incidir en políticas públicas, porque ningún país se desarrolló industrialmente sin una estrategia deliberada.

Una lucha nacional, no gremial

Aquí hay un punto clave: esta no es una lucha gremial, es una lucha nacional. Si República Dominicana quiere dejar de ser un país que compra productos terminados y empieza a ser un país que los fabrica, necesita dominar procesos industriales, transformar materias primas y generar innovación técnica. Ninguna nación se volvió próspera ensamblando piezas ajenas o importando lo que podía producir.

Llamado final (con los nombres sobre la mesa)

Si el Estado no corrige esta omisión, la industrialización seguirá siendo retórica. Si el sector privado no se moderniza técnicamente, seguirá compitiendo por precio y no por valor. Si las universidades no se vinculan con la industria, seguirán graduando profesionales que la economía no aprovecha. Y si el CODIA no asume su rol estratégico, se resignará a ser un sello colegiado sin impacto real en el desarrollo del país.

República Dominicana tiene ingenieros químicos. Lo que le falta es voluntad colectiva para aprovecharlos. La industrialización no ocurrirá por accidente; exige decisión, estrategia y coraje intelectual.

Aún estamos a tiempo —pero no por mucho.

 

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