Buscando talentos que entiendan la necesidad de buscar otros talentos agropecuarios
“La agropecuaria se hunde en
silencio: ¿Quién dará el primer paso?”
Introducción: lo que casi nadie ve
En el campo
dominicano pasan cosas que casi nadie ve. El sol sale temprano y las manos
trabajan antes del desayuno. Los productores se enfrentan solos a los precios,
al clima, a las plagas, a las deudas y a los intermediarios. Y allí, en medio
del territorio y la incertidumbre, siempre aparece un técnico agropecuario.
Llegan a
pie, en motores, en camionetas viejas o en el transporte que haya. No importa
si llueve, si hay lodo o si el camino se rompe. Lo que llevan encima no es solo
un trabajo: es conocimiento, criterio, experiencia y un compromiso que pocas
veces recibe agradecimiento.
Sin embargo,
la sociedad casi no los mira. Los gobiernos casi no los escuchan. Y el mercado
casi nunca les paga lo que valen. De ese trabajo callado depende la comida de
millones, pero quienes sostienen ese trabajo viven con la sensación amarga de
que su aporte no es reconocido.
Ese
contraste duele. Porque cuando el campo se vacía, cuando los jóvenes se van,
cuando los productores abandonan la siembra y cuando el país depende cada vez
más de lo que viene de afuera, nadie pregunta qué pudo haberse hecho diferente.
Nadie pregunta qué sabían los técnicos y por qué no se les permitió actuar.
Pero todavía
no es tarde. Todavía hay técnicos que creen. Todavía hay vocación. Todavía hay
quienes se toman en serio la tierra, la alimentación y el futuro. Y todavía hay
un país que necesita que alguien dé un paso al frente.
A ellos va
dirigido este texto.
1. Un sistema que frustra y desgasta
Durante
décadas, los técnicos agropecuarios han sido testigos silenciosos de una
realidad que se agrava: abandono del campo, empobrecimiento del productor,
fragmentación institucional y dependencia creciente de decisiones tomadas desde
escritorios lejanos.
Los
resultados están a la vista: inconformidad, quejas y búsqueda de culpables. Lo
más peligroso no es el error ni la falta de recursos, sino la resignación que
se instala cuando la frustración se vuelve costumbre.
2. El error de esperar que el cambio venga de arriba
Esperar que
el cambio venga de arriba ha sido un error colectivo. Quienes hoy dirigen —en
el Estado o en el mercado— no han mostrado interés en transformar las
condiciones del técnico ni del productor. Para ellos, mientras el sistema no
colapse, lo demás es negociable.
Ese modelo
administra privilegios, no futuro. Los productores se empobrecen mientras otros
acumulan. Y el técnico queda atrapado entre la necesidad del campesino y la
indiferencia de las instituciones.
3. La invisibilidad del técnico: un costo alto para el
país
La sociedad
consume alimentos sin preguntarse quién sostiene la cadena. El trabajo técnico
es indispensable, pero invisible. Esa invisibilidad no solo es injusta:
debilita al país. Ninguna nación seria renuncia a su base productiva ni
desprecia su inteligencia agrícola.
4. Un escenario distinto es posible
Imaginemos
un país donde los técnicos agropecuarios y los agentes de desarrollo son
reconocidos como guardianes de la seguridad alimentaria nacional. Donde se les
escucha y se les respeta. Donde la información de campo orienta las decisiones
estratégicas.
Ese país
existe en potencia. Está esperando liderazgo.
5. Así comienzan las transformaciones reales
Las
transformaciones no comienzan con decretos ni presupuestos. Comienzan cuando un
grupo pequeño decide no conformarse. Cuando descubre que individualmente es
vulnerable, pero que unido puede ser decisivo.
La historia
del desarrollo rural en el mundo demuestra que los cambios duraderos empiezan
desde abajo y desde el territorio.
6. Educadores de la sociedad, no solo del productor
El técnico
agropecuario debe ampliar su rol. No basta asistir la finca o resolver un
problema puntual. Hay que educar a la sociedad en la importancia de la
producción local, en la soberanía alimentaria y en la dignidad del trabajo
rural.
El país solo
valorará al técnico cuando comprenda que sin él no hay alimentos ni futuro.
7. El núcleo que inicia la transformación
Las grandes
organizaciones profesionales y los grandes movimientos nacieron así: con un
núcleo reducido. No con miles. Con pocos, pero convencidos. Con sentido de
misión, no de queja.
8. Este llamado no es para todos
Este
artículo no pretende seducir a la masa. Busca tocar a quienes sienten que su
vida profesional puede tener más sentido que llenar formularios y sobrevivir en
la rutina.
Busca a
quienes todavía no han renunciado a su autoestima profesional.
9. Lo que viene ahora: proceso serio y largo
En las
próximas semanas iniciaremos un proceso de encuentros, conversación y
formación. No para “ir a talleres”, sino para comenzar a construir futuro. El
primer paso es identificar quiénes quieren asumir un rol de liderazgo técnico y
social.
El mapeo
servirá para encender las primeras brasas. El
fuego vendrá después.
10. Cerrar la brecha entre capacidad y protagonismo
El país
necesita que el campo produzca. Pero más aún necesita que sus técnicos vuelvan
a creer que pueden mover la historia. Si el técnico no lidera, otros decidirán
—y no siempre para el bien de la agropecuaria ni de la nación.
Cierre
Hay momentos
en la vida profesional donde uno se pregunta: ¿esto es todo?
El técnico agropecuario tiene otra respuesta posible: crear el futuro en
lugar de padecerlo. Entiende que si queremos mejorar nuestra vida, necesitamos asumir ser líder aunque no dispongamos de cargos.
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