Lo que hoy omites, mañana te pasa factura
**“No pospongas tu vida: abrir los ojos antes de que sea tarde”**
Una película que cambió mi mirada
A principios de la primera década del 2000 vi
una película que marcó definitivamente mi forma de ver el presente, el futuro,
mis relaciones con los demás y hasta mi manera de actuar: *Un hombre de
familia*, con Nicolas Cage.
No fue solo entretenimiento. Me dejó una
inquietud profunda: la importancia de tomar decisiones conscientes en el
presente porque tarde o temprano el futuro llega, y lo que hagamos o dejemos de
hacer se convierte en nuestra realidad.
Con el tiempo, otras películas —muchas de ellas
orientales— me atraparon con la misma idea: personajes que, tras cometer
errores o sufrir abusos, reciben la oportunidad de “volver atrás” para corregir
lo que hicieron mal. Esa fantasía refleja un deseo humano universal: la
posibilidad de retroceder y rehacer lo que nos duele.
El peso de la omisión
En la iglesia católica, la misa inicia con una
confesión: *“he pecado de pensamiento, palabra, obra y omisión”*.
Si lo analizamos bien, la omisión puede ser más
grave que la comisión. Muchas injusticias, fracasos y sufrimientos se originan
en lo que dejamos de hacer: la palabra que no dijimos, el esfuerzo que no
intentamos, la decisión que aplazamos.
Escuela, familia e iglesias deberían ayudarnos
más a cultivar esa conciencia: no podemos evadir la responsabilidad de nuestras
acciones ni de nuestras omisiones.
El tiempo vuela
Cuando tenía 20 años me preguntaba cómo sería
mi vida a los 30 o a los 40. Hoy, miro hacia atrás y veo que esos 10, 20 o
incluso 50 años llegaron casi sin darme cuenta.
El tiempo pasa veloz, y muchas veces lo
gastamos tapándonos los ojos ante los cambios que debemos emprender,
posponiendo preparaciones necesarias o esperando que otros siembren en nuestro
lugar.
Delegar el destino: un
error común
Con frecuencia esperamos que el gobierno, las
empresas o la sociedad nos provean aquello que no hemos querido trabajar. Pero
olvidamos que cada quien tiene sus propios intereses.
Si dejamos en manos de otros nuestro presente y
nuestro futuro, terminaremos trabajando para sus sueños, no para los nuestros.
Las organizaciones son valiosas, sí, pero como espacios para cooperar y crecer
juntos, no como sustitutos de nuestra responsabilidad personal.
Existe un dicho popular: *“no hay más ciego que
el que no quiere ver”*.
Muchos vivimos así, como el animal que esconde
la cabeza en un hoyo para evitar el peligro, pensando que por no verlo ya no
existe. Pero cada descuido y cada evasión va construyendo una realidad de la
que, tarde o temprano, no podremos escapar.
Buscar salidas y no
excusas
Lo importante no es solo describir la
situación, sino encontrar caminos para transformarla.
Eso exige desarrollar hábitos:
* Usar mejor nuestros talentos y habilidades.
* Cultivar inteligencia práctica para tomar decisiones
más sabias.
* Trabajar en conjunto, porque solos avanzamos
poco, pero unidos encendemos una llama que da luz y calor.
La fuerza de caminar
juntos
Incluso Jesús, que se reconocía como Hijo de
Dios, necesitó de un cirineo que lo ayudara a cargar la cruz.
El esfuerzo compartido nos multiplica.
Necesitamos personas que nos acompañen en el propósito de crecer, de mejorar,
de prepararnos para lo que viene. Y, al mismo tiempo, otros también necesitan
de nosotros. o
Conclusión: el futuro empieza hoy
El futuro no llega por arte de
magia. Se construye con decisiones conscientes, con acciones responsables y con
el coraje de no dejar nuestra vida en manos de otros.
Si algo nos enseñan las películas,
la fe y la experiencia, es que siempre habrá errores, pero nunca es tarde para
actuar, corregir y sembrar.
El mejor momento para hacerlo es
hoy.
¡Que no nos sorprenda cuando ya no haya
tiempo!
**¿Y tú, qué decisión estás
aplazando que mañana podría pasarte factura?**
Abrir los ojos al presente es el
primer paso para que tu futuro no te sorprenda, sino que te encuentre
preparado.
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