Poder, dinero y corrupción
El respeto no se impone, se aprende
Durante años pensé que podía encontrar la luz en los
demás. Pero con el tiempo me di cuenta de algo duro: ni yo ni muchos de los que
me rodean estábamos listos para vernos sin máscaras. ¿Cuántas veces nos
relacionamos con alguien solo por lo que puede ofrecernos? ¿Y cuántas veces
sentimos que nos valoran solo si damos algo a cambio?
Un corazón limpio, que mire al otro sin condiciones,
se siente como un lujo extraño en estos tiempos.
Cuando el miedo es el único freno
Basta con salir a la calle para entenderlo. ¿Has visto
cómo conducen muchos choferes de guaguas, camiones y motores? No es que no
conozcan las reglas, es que solo las respetan si hay una cámara, un policía, o
una multa de por medio. No lo hacen por conciencia, lo hacen por miedo.
Y lo mismo pasa en otros niveles. Hay gente que quiere
poder solo para aprovecharse. Y no, el poder no los cambia: simplemente los
muestra tal como son. El dinero no corrompe: revela.
La ley como guía, no como amenaza
Por eso la ley es tan importante. No porque nos dé
miedo, sino porque nos recuerda que no todo se vale. Que vivir en sociedad
requiere límites, pero sobre todo conciencia. Si solo actuamos bien porque nos
pueden castigar, entonces no hemos aprendido nada.
¿Y si cambiamos la cultura?
Imagínate una sociedad donde el respeto no se imponga,
sino que se respire. Donde el otro valga, no por lo que tiene, sino por lo que
es. Eso no se logra con más leyes, sino con más educación emocional, más
ejemplo en casa, más humanidad en la calle.
No es algo que pasa de la noche a la mañana, pero
empieza con pequeñas decisiones: ceder el paso, no gritar, decir “gracias”, ser
justos aunque nadie nos mire.
Una chispa basta
Quizá no podamos cambiar el país en un día. Pero sí
podemos cambiar cómo actuamos hoy. Porque a veces, lo que más necesitamos no es
que alguien nos diga qué hacer, sino que alguien nos recuerde por qué vale la
pena hacerlo bien.
Y esa luz que andamos buscando en los demás... tal vez
siempre estuvo esperando a que la encendamos nosotros mismos.
Aunque Dios
no existiera, es decir aunque yo no lo creyese, me enamoraría del cristianismo
que me invita a ser luz del mundo y sal de la tierra.
Que me
invita a que si quiero ser el más grande, lo haga buscando ser servidor de
todos.
Me dicen que
debo salir del cascaron, porque si me quedo en eel, al final me pasara como el
huevo, se pudre.
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