Una Voz que Clama…..
Una voz que clama…..
Crónica de una generación que vivió con autenticidad
Érase una vez...
Corría el
año 1962. Yo tenía apenas 12 años cuando comencé a acercarme a jóvenes con
inquietudes políticas, muchos de ellos con un espíritu revolucionario. Fue
entonces cuando escuché por primera vez, de manera muy superficial, sobre un
líder llamado Manolo Tavares Justo. Aquellos muchachos, en su ingenuidad y
ardor juvenil, llegaron incluso a oponerse al recién llegado del exilio, Juan
Bosch, quien planteaba una estrategia difícil de comprender: borrón y cuenta
nueva.
Mientras
unos luchaban por sacar los restos del trujillismo, no se alcanzaba a entender
que lo que se libraba era una batalla entre iguales, no siempre por principios,
sino muchas veces por quién controlaba el pastel y los privilegios del Estado.
En 1963,
tras el golpe de Estado que derrocó a Bosch, su partido se ocultó. En cambio,
Manolo y sus compañeros tomaron el camino de la montaña. Allí fue asesinado,
víctima del mismo poder que todavía hoy extiende sus garras sobre nuestro país.
Testimonios vivos
A lo largo
de los años, conocí de cerca a muchos dirigentes, equivocados o no, que
deseaban cambiar el mundo. Tuve la oportunidad de acércame, de escuchar un
líder excepcional: Maximiliano Gómez, el Moreno. No tenía grandes
títulos académicos, pero poseía un intelecto brillante. Era capaz de debatir
con teóricos de cualquier disciplina y logró algo muy difícil: aglutinar a una
parte importante de la intelectualidad y la profesionalidad del país.
Lo considero
el líder más grande que ha dado la República Dominicana en los últimos 70 años.
No arrastraba masas cómodas; arrastraba compromiso. A su alrededor se formó una
generación de jóvenes cuya lealtad solo cesó con la muerte.
Entre ellos,
también conocí otra forma de educación: grupos que se llamaban parejas rojas,
donde se unían personas con fortalezas distintas para ayudarse a trascender sus
debilidades, sus deficiencias. Una forma primitiva pero poderosa de mentoría y
acompañamiento.
Supe de casos donde hombres bajaban los pantalones a compañeras enfermas
para que pudieran hacer sus necesidades con respeto fraterno, como verdaderos
hermanos.
Supe de líderes degradados por comportamiento inadecuado hacia sus
familias. Se ejercía un tipo de justicia moral que hoy parece impensable.
En ese
tiempo viví relaciones que me salvaron. Amigos que me mostraron cuánto puede
transformarse una vida cuando uno camina cerca de personas “vitamina”, personas
que edifican, que iluminan. No sería quien soy sin el ingeniero Cruz Amable
Castellanos Cuesta, sin el ing. Manuel
Acosta de Dios, o el ing. Mario Santana
Hidalgo. Hay un caso donde un padre aconseja un hijo y le dice: "Cuando naciste
tú llorabas mientras los que te acompañaban reían, vive de modo que al partir,
tu ría, mientras los que queden lloren".
Mi familia recuerda, todas las noches, a estos amigos que me ayudaron a ser.
Volver a lo esencial
Con todo
esto, solo quiero pedirle a mi pueblo que no olvide. Que intentemos volver a
los tiempos donde la energía que nos movía era la sinceridad, la empatía, la
solidaridad. Nos guiaba una ilusión que nos hacía capaces de hacer sacrificios
con una sonrisa. Porque teníamos una visión de vida que nos hacía sentir que
todo valía la pena.
Hoy, más que
nunca, necesitamos reconstruir redes de apoyo, grupos de mentes maestras,
sociedades de ayuda mutua. Espacios donde se pueda crecer en humanidad y donde,
si no podemos devolver lo que hemos recibido, al menos podamos expresar agradecimiento.
¿Y tú?
- ¿Has
conocido a alguien que transformó tu vida por el simple hecho de caminar
contigo?
- ¿Te
atreves a ser una persona “vitamina” para alguien más?
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