¿Dominicano? ¿por qué podríamos desaparecer como nación?

1. La ilusión del conocimiento y la desfiguración del pueblo

He vivido rodeado de "científicos", "expertos" y "autoridades" del conocimiento.
He visto cómo, entre párrafos y discusiones de cafetería o de bar, muchos creen estar arreglando el mundo, mientras nuestro pueblo cada vez se desdibuja cada vez más.

2. El verdadero progreso conserva lo valioso

En la universidad aprendimos que la verdadera evolución no destruye, sino que conserva lo mejor de lo viejo para construir lo nuevo.
Sin embargo, hoy, cuando buscamos lo mejor de nuestras raíces dominicanas, descubrimos que se desvanecen, que se diluyen, que se olvidan.

3. Un pueblo que pierde su identidad, pierde su vida

Aquel pueblo hospitalario, afectuoso, capaz de alzarse como titanes para defender sus creencias, el mismo que dio origen a la primera universidad de América y que impregnó el continente de solidaridad y cultura, hoy se ve sumido en la incertidumbre.
Nuestra identidad se diluye como agua entre los dedos.

Cada persona tiene un sello único.
Cada familia tiene aquello que la distingue y la hace orgullosa de sus raíces.
Así también, un pueblo necesita su identidad para existir y aportar al mundo.

4. ¿Por qué destruir lo que nos hace únicos?

Si todo el cuerpo humano fuese solo riñón o solo pulmón, no podría existir.
Entonces, ¿por qué destruir las identidades nacionales?
¿No es la diversidad lo que da origen a la vida?

5. La reconstrucción empieza en cada uno de nosotros

Creo que el milagro de seguir existiendo como nación empieza en lo pequeño:
En cada persona que, en su entorno inmediato, se convierte en un centro de apoyo, en una fuente de esperanza, en alguien por quien otros den gracias a Dios de haber conocido.

6. Liderar es interesarse de verdad por los demás                                                                           En mis talleres de liderazgo insisto:
Nadie lidera solo.
La vida nos exige relacionarnos, comunicarnos, interesarnos genuinamente en el bienestar de quienes nos rodean.

7. No nacemos sabiendo ser solidarios: se aprende                                                               Muchos creen que saber comunicarse, discernir o liderar es natural, como las hierbas que crecen espontáneamente en la tierra.
Pero no: sin cultivo, las hierbas se marchitan.
Sin calor, los huevos se pudren.
El aislamiento no produce vida; solo muerte interior.

8. ¿Qué pequeño gesto puedes aportar hoy?                                                                          Si vemos lo que va mal en nuestra nación, deberíamos preguntarnos:
¿Qué pequeño grano de arena puedo aportar hoy para que algo, aunque sea pequeño, mejore?

Una pequeña acción puede desatar grandes transformaciones: el efecto mariposa lo confirma.

9. Cuando la solidaridad se rompe, reina la ley del más fuerte                                                   Hoy vemos cómo el poder justifica crímenes masivos como si fueran accidentes normales.
Hoy vemos cómo el egoísmo y la indiferencia disuelven la solidaridad.
Cuando solo luchamos por nuestros intereses individuales, el tejido social se rompe y quedamos indefensos.

10. Sin raíces, no hay futuro                                                                                                            Si el pueblo dominicano permite que le arrebaten su hospitalidad, su afecto, su espíritu de lucha, se convertirá en un cuerpo sin alma, destinado a desaparecer.
Hoy, más que nunca, necesitamos reencontrarnos con nuestras mejores raíces.

11. No partamos de cero: renovemos lo mejor de nosotros                                      El liderazgo verdadero debe entender que no podemos partir de cero.
No podemos desechar las raíces que nos dieron vida.
Debemos tomarlas, renovarlas y construir sobre ellas.

Un pueblo que siempre comienza de cero nunca crece: solo sobrevive hasta extinguirse.

12. El país del amor eterno: ¿utopía o posibilidad?                                                                                     Existe un libro que nos llama el "país del amor eterno".
¿Acaso es absurdo creer que alguna vez merecimos ese título?
¿No es hora de luchar para volver a merecerlo?

13. ¡La Dominicanidad no morirá si no la dejamos morir!

Hoy te invito a hacer tuya esta misión:
Siembra amor.
Recupera la solidaridad.
Defiende nuestra identidad.
No dejemos que nuestro pueblo desaparezca.
AV

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