Asistente técnico, extensionista y agente de desarrollo: tres perfiles distintos con responsabilidades que van más allá de lo técnico

 Aunque pueda parecer un tema elemental o incluso sin mayor importancia, es imprescindible que en una escuela de agronomía exista absoluta claridad sobre el tipo de profesional que se desea formar. No se trata solo de transmitir conocimientos técnicos, sino de preparar a los estudiantes para el tipo de misión que deberán cumplir en el mundo real. Es aquí donde se deben distinguir claramente tres roles fundamentales: el asistente técnico, el extensionista y el agente de desarrollo.

1. El asistente técnico

Este profesional puede ser un agrónomo formado con una orientación técnica tradicional. Su preparación está centrada en los conocimientos sobre la producción agrícola: cultivos, suelos, fertilización, control de plagas, etc. Su principal función es asesorar técnicamente a los productores en el “cómo hacer” para mejorar su producción, basándose en tecnologías y conocimientos ya establecidos. Es el perfil más clásico y técnico.

2. El extensionista rural

El extensionista es un paso más allá. Además de dominar los saberes del asistente técnico, debe desarrollar una serie de habilidades humanas y sociales que le permitan ganarse el derecho de ser escuchado.
Su función no es solo transmitir información, sino iniciar procesos de comunicación bidireccional, donde el conocimiento fluye, se adapta, se transforma y se convierte en una herramienta de cambio.
Un verdadero extensionista es capaz de crear un ambiente de confianza donde los productores no solo reciben conocimientos, sino que participan en la co-creación de soluciones. El objetivo es claro: lograr que ese conocimiento se traduzca en cambios de conducta y en una mejora real en la calidad de vida de los productores.

3. El agente de desarrollo rural

Aquí el enfoque se amplía aún más. El agente de desarrollo no se limita a llevar conocimientos técnicos o transferir tecnología previamente validada. Su rol implica diagnosticar las necesidades del territorio, detectar oportunidades, promover la organización social y económica, y facilitar procesos complejos de desarrollo integral.
Debe tener la capacidad de identificar qué conocimientos hacen falta, qué tipo de organización es necesaria y qué acciones deben gestionarse para que el desarrollo rural sea sostenible, inclusivo y transformador.
Este profesional combina conocimientos técnicos, habilidades sociales y una visión estratégica del desarrollo. Se convierte en facilitador, motivador, organizador y promotor del bienestar colectivo.

Una aclaración necesaria

He presenciado muchas discusiones —entre profesionales, funcionarios, incluso entre viceministros y doctores con doctorado— en las que se confunden estos tres perfiles. Se habla del extensionista como si fuese lo mismo que el agente de desarrollo, o del asistente técnico como si cumpliera todas las funciones de un extensionista.
Esa confusión empobrece la práctica y diluye la eficacia del trabajo en el campo.

Por eso, es vital que desde la formación universitaria se defina con claridad cuál es el perfil profesional que se está formando y cuáles competencias deben ser desarrolladas en cada etapa.
No basta con dominar la técnica: quien va al campo a transformar la realidad rural debe saber comunicarse, inspirar, movilizar e incluso liderar procesos colectivos. Debe ganarse el respeto, la confianza y el deseo de los actores locales de ser acompañados. No por imposición, sino por reconocimiento de su valor.

Conclusión

En el transcurso de su carrera, los estudiantes deben tener la oportunidad de ejercitar y desarrollar estas habilidades humanas y sociales, para poder cumplir con su misión de llevar bienestar al campo dominicano.
Ya sea mediante la implementación de conocimientos establecidos, como en el caso del extensionista, o mediante la creación de las condiciones necesarias para el desarrollo integral del territorio, como lo hace el agente de desarrollo, su labor exige mucho más que conocimientos técnicos.
Exige pasión, compromiso, empatía, liderazgo y una profunda comprensión del ser humano y de su
entorno.

 

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