El Pasar del Tiempo y el Efecto Avestruz

 El tiempo y el aprendizaje

El espíritu se crucifica en el tiempo porque necesita ejercitar habilidades. Está aquí como un niño en una escuela para aprender. No es este mi estilo ni deja de serlo, porque en todos los casos siempre estoy haciendo el esfuerzo de cambiar las circunstancias en las que necesito desarrollar las habilidades para las que he venido.

La siembra y la cosecha

El tiempo pasa, y cuando menos lo esperamos, nos encontramos necesitando cosechar una siembra que muchas veces no hemos realizado.

Es difícil encontrar a alguien que, en el momento en que lo necesitas, salga de su cascarón y busque su felicidad facilitando la tuya. Que busque su bienestar promoviendo el tuyo. Eso es lo que, en nuestra cultura, la espiritualidad llama amor. Cuando la soledad te aplasta, necesitas haber hecho una inversión de afecto en la vida. Pero si hemos perdido el tiempo, cuando llegue ese momento, no cosecharemos nada. Hay un tiempo para sembrar y un tiempo para cosechar. Si no estamos despiertos en el momento de sembrar, estaremos muertos en el momento de cosechar.

Si no muero cuando aún tengo la facultad de manejarme, llegará un momento en que dependeré de otros para que me pongan los pañales. Si no sembré afecto, otros quizás lo hagan por obligación, como un deber, pero no como una expresión de amor sincero, no como la cosecha de una siembra hecha en el tiempo correcto.

El efecto avestruz     

El efecto avestruz consiste en negarnos a ver las cosas como son, engañándonos al creer que, por taparnos los ojos, lo que está ocurriendo deja de ocurrir. Luego nos lamentamos de la soledad o de una ingratitud que realmente no existe, porque no hicimos el aporte en el momento debido. Quizás hasta en eso nos engañamos.

El ser que está en el huevo, cuando ha llegado el momento de nacer, si no lo hace, muere. Todos tenemos la necesidad de salir de nuestro cascarón, de nuestro egoísmo, que ni siquiera existiría si no fuera porque hay una realidad superior que le da sentido. Para que un huevo pueda evolucionar y convertirse en un ser que respire, se alimente y se mueva en la realidad, necesita dos cosas: alguien que le dé calor para que los cambios internos sean posibles y, cuando esos cambios se hayan dado, la fuerza para romper sus estrechas murallas y expandirse, para salir a respirar un aire que le ha sido dado gratis y comunicarse con la realidad que le permite existir.

Yo soy yo y mis circunstancias

Siempre tengo en mi memoria la frase de Ortega y Gasset: Yo soy yo y mis circunstancias. Si quiero mejorar, debo mejorar mis circunstancias. Cuando hago un favor o realizo una acción que mejora mi entorno, me estoy mejorando a mí mismo. Estoy creando las condiciones para avanzar. Por lo tanto, si realmente fuese inteligente, dedicaría mi tiempo a prepararme para hacer esos favores, para promover esas mejorías, sin esperar nada a cambio. Soy yo quien debe agradecer la oportunidad de crear esas mejoras, porque son ellas las que me llevan a un nivel superior de bienestar, más cerca de lo que llamamos felicidad.

Reflexión final

¿Vamos a seguir dejando que el tiempo nos pase, sin ver la necesidad de interesarnos por los demás? ¿Sin crear fondos, sin alimentar la inversión que nos traerá un presente y un futuro llenos de paz, satisfacción y bienestar?

Pido perdón a quienes dignifiquen este texto con su lectura y piensen que no tiene sentido. Pero aunque sea la voz que clama en el desierto, siento que es mi deber gritar para que otros no cometan el error que quizás estoy sufriendo: no haber aprovechado el tiempo, no haber estado atento y alerta para sembrar en el momento oportuno y poder cosechar hoy lo que deseo.

  • La destreza que quisiera tener ahora, debí ejercitarla cuando tuve la oportunidad.
  • El afecto que quisiera recibir ahora, debí cultivarlo cuando tuve la oportunidad.
  • La red de apoyo de la que quisiera disfrutar ahora, debí construirla cuando tuve la oportunidad.

Que estas palabras sirvan para despertar la conciencia antes de que sea demasiado tarde.

 

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