La Iglesia no es una Democracia
La Voz del Espíritu Santo y el Camino de la Iglesia
La iglesia,
como institución y guía espiritual, no es ni puede ser una democracia. Su
esencia radica en la verdad revelada, una verdad que no está a disposición de
cualquier interpretación, sino que requiere una disposición profunda para
escuchar y dejarse guiar por ella. En un mundo donde muchos proclaman escuchar
al Espíritu Santo y donde la formación de iglesias se ha vuelto un fenómeno
común, es esencial reflexionar sobre el verdadero significado de interpretar la
Palabra de Dios.
La Verdad y la Capacidad de Interpretación
Todos interpretamos lo que leemos, vemos y escuchamos en función de nuestro
nivel de conciencia, el cual cambia con el tiempo. Un mismo texto puede revelar
nuevos significados a medida que nuestra mente y corazón se abren a niveles
superiores de entendimiento. La verdad no cambia, pero nuestra capacidad para
interpretarla sí lo hace. Por ello, el Espíritu Santo actúa en quienes están
verdaderamente dispuestos a recibir su guía, aquellos que buscan santidad y
discernimiento en su camino.
El Rol del Profeta en la Iglesia
A lo largo de la historia sagrada la voz, del Espíritu Santo, ha sido
transmitida a través de profetas, no por multitudes. El rey David, modelo de
liderazgo y gobierno, no escuchaba directamente al Espíritu Santo, sino al
profeta que le servía como intermediario. Esta relación, basada en la
revelación y la obediencia, subraya la importancia de una jerarquía espiritual
dedicada a la santidad y a la conexión divina. Sin esta guía, incluso los más
sabios, como Salomón, pueden desviarse hacia la apostasía al perder su conexión
con el Espíritu Santo.
La Iglesia y Su Decadencia Actual
Hoy, la iglesia enfrenta desafíos profundos, en gran parte porque muchos de sus
miembros no viven de acuerdo con los principios que proclaman. Si siquiera una
pequeña fracción de los cristianos practicara realmente su fe, el mundo estaría
lleno de testigos cuyo ejemplo transformaría la humanidad. Sin embargo, la
mayoría vive en un estado de distracción, incapaz de reconocer los constantes
mensajes del Espíritu Santo. La verdadera comunión con Dios requiere silencio
interior, disposición y escucha activa.
La Escucha como Fundamento del Evangelio
Para predicar el evangelio, el primer requisito es aprender a escuchar.
Escuchar no solo las palabras de los textos sagrados, sino también la
revelación que estos contienen, transmitida a través de profetas, escritores y
predicadores sagrados. Escuchar lleva al arrepentimiento, el arrepentimiento
a la conversión, y la conversión a una vida que manifiesta los frutos del
Espíritu Santo. Solo así se puede regresar al camino del Padre y ser verdaderos
instrumentos de su voluntad.
Conclusión
La Iglesia debe recuperar su esencia profética, guiada por personas dedicadas a
la santidad y a la escucha del Espíritu Santo. Esto exige un compromiso
renovado, tanto de quienes la dirigen como de sus fieles, para convertirse en
auténticos testigos de fe. Como dice el evangelio, “Por sus frutos los
conoceréis”. Que nuestras acciones sean reflejo de una vida guiada por la
verdad y la gracia de Dios.
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