Misticos o no seremos humanos

 

Un filósofo llamado André Malraux dijo: "El siglo XXI será místico o no será". Más tarde, un teólogo católico parafraseó esta expresión, afirmando que el cristiano del siglo XXI deberá ser místico o no será cristiano. Estas expresiones sugieren que, en estos siglos, el ser humano debe vivir de manera auténtica, o su vida no podrá considerarse verdaderamente humana.

Según el padre del existencialismo, Søren Kierkegaard, existen tres tipos de actitudes en el ser humano: la actitud estética, la actitud ética y, finalmente, la actitud religiosa. Según él, una persona puede comenzar siendo un esteta y culminar en el estadio religioso.

Kierkegaard propone que estos estadios (el estético, el ético y el religioso) definen cómo la humanidad se divide en tres formas de ver el mundo. En el estadio estético, las personas se circunscriben a satisfacer sus instintos, sobrevivir y dejarse llevar por el menor esfuerzo, buscando alcanzar el mayor nivel de disfrute. En este primer caso, las personas hacen todo lo posible por alcanzar la satisfacción personal, llegando incluso a convertirse en "bestias" al darle rienda suelta a su egoísmo.

En el estadio ético, ya entran en juego las reglas y las convenciones sociales: las normas derivadas de los consensos y acuerdos que permiten al grupo sobrevivir con el menor nivel de conflicto posible.

Finalmente, en el estadio religioso, no se vive en función de la visión común de la religión, sino en función de las convicciones provenientes de un razonamiento profundo que lleva al "salto de fe".

En esta ocasión, quiero presentarte mi máxima convicción, cuyo origen no me atribuyo, porque a menudo, cuando creo haber descubierto algo, luego encuentro que muchos ya lo han comprendido antes que yo. Mi convicción es que la única manera en que la felicidad es posible es cuando somos capaces de fundamentar nuestra vida en mejorarla hasta donde sea posible. Cuando respiramos para buscar esa mejora, entonces tenemos la motivación para ser creativos, innovadores y emprendedores. Es la única forma en que la rutina y la monotonía no nos conviertan en zombis y nos lleven al aburrimiento.

Muchas veces me pregunté si, en caso de existir la eternidad, ¿cómo podríamos estar allí tanto tiempo sin que la monotonía y el aburrimiento nos hastiaran? No sé si fue la razón o la intuición la que me dio la respuesta a esta impactante pregunta, pero la respuesta es simple: cuando uno pone su mente en mejorar el entorno, en mejorar las circunstancias, en cumplir la misión para la que fuimos creados (servir a la vida), entonces el aburrimiento no tiene cabida. En esta circunstancia, cuando no estamos pensando hacia adentro, sino que estamos pensando en cumplir nuestro propósito, toda la mente siempre estará ocupada en cómo hacer posible esa mejora.

La fe es el vínculo que nos sintoniza con la misión que queremos cumplir. La esperanza es el combustible que nos permite avanzar con la convicción de que llegaremos. Y finalmente, el amor (la caridad) es el poderoso atractivo que nos impulsa a avanzar, que nos motiva a siempre ir hacia niveles superiores, acercándonos a la perfección como hijos de Dios.

El ignorante tiene infinitos milagros frente a sus ojos y no los ve. El sabio sabe, ve, oye, sabiendo que la sola existencia es el mayor milagro que un ser humano puede siquiera imaginar. En cada espacio se manifiesta una maravilla, y quien tiene ojos para ver y oido para escuchar, la percibe.

Estos ignorantes cumplen con aquello de que "quien no valora lo poco que tiene será incapaz de valorar y sentir satisfacción por mucho que tenga", porque siempre estará controlado por su espíritu de insatisfacción. Sus carencias no son reales; es su nivel de conciencia el que no le permite disfrutar lo que ya posee.

Lawrence Kohlberg, en tiempos más recientes, desarrolló los estadios de Søren Kierkegaard, multiplicando las subdivisiones, pero concluye de la misma manera, destacando la necesidad de superar los estadios inferiores y trascender la convención como motor del accionar humano.

Por el mecanismo que sea, debemos llegar no solo a través de la razón, la lógica y la convicción, sino también desarrollando la habilidad de vivir la experiencia de que el universo es un templo para la causa de todas las causas, donde nosotros somos la expresión que se da el lujo de buscar a Dios, e incluso el atrevimiento de negarlo.

 

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