La Iglesia: Del Crecimiento en la Persecución al Declive en el Poder

 

La Iglesia: Del Crecimiento en la Persecución al Declive en el Poder

La historia de la Iglesia, desde su persecución inicial hasta su eventual legalización, es un ejemplo notable de cómo el poder y los privilegios pueden afectar negativamente una institución. Durante los tiempos de persecución, la Iglesia crecía, no solo en número sino también en respeto y admiración, tanto por sus seguidores como por sus adversarios. Esto se debía a la convicción y el ejemplo de vida de los cristianos, quienes, a pesar del peligro, se mantenían firmes en sus principios y en su amor por Dios.

Sin embargo, cuando la Iglesia dejó de ser perseguida y se convirtió en una fuente de poder y privilegio, comenzó un proceso de declive. Este cambio atrajo a aquellos que buscaban no la fe, sino los beneficios que el poder eclesiástico podía ofrecer. Estas personas, al no tener ni temor ni verdadera devoción, empezaron a ocupar posiciones de influencia dentro de la Iglesia, lo que llevó a su degeneración.

La parábola del trigo y la cizaña se hizo realidad dentro de la Iglesia: junto al trigo, crecieron las cizañas, individuos que buscaban únicamente su ascenso social y no tenían interés en los principios cristianos o en el amor a Dios. Con el tiempo, la Iglesia se acomodó a estos elementos corruptos, permitiendo que la perversión y el interés mundano se infiltraran en su seno. Aquellos que antes no se atrevían a unirse a la Iglesia debido a la persecución, ahora lo hacían con facilidad, sin renunciar a las prácticas propias del mundo secular.

Este proceso llevó a que los auténticos cristianos, aquellos que realmente vivían su fe, comenzaran a ser perseguidos, no por el Estado, sino por las estructuras internas de la Iglesia que ahora estaban dominadas por personas que veían en ella un camino fácil para obtener poder y prestigio.

Mientras la Iglesia estaba en crecimiento, gracias a la autenticidad de sus miembros, comenzó a perder credibilidad al convertirse en un refugio para los pervertidos y los ambiciosos. Este declive moral llevó a la aparición de grupos con convicciones y modos de vida más coherentes con los principios cristianos, aunque sus doctrinas estuvieran desviadas. Un ejemplo de ello fueron los cátaros, cuya vida modélica contrastaba con la corrupción dentro de la Iglesia. Aunque su doctrina era equivocada, su forma de vivir era su mejor predicación.

La respuesta de la Iglesia a estos movimientos fue lamentable. En lugar de reformarse y retomar su misión original, recurrió a la violencia y al poder militar para enfrentarse a estos grupos que, en su vida cotidiana, demostraban un nivel de disciplina y valores muy superiores a los de la jerarquía eclesiástica. Esto no hizo más que alejar aún más a las personas que buscaban en quién confiar y a quién admirar, aunque no tuvieran la voluntad de imitarle.

A medida que la Iglesia continuaba en su declive, se convirtió en un espacio donde se compraban títulos y designaciones, y donde los poderosos del ámbito político y militar colocaban a sus familiares. Esto estaba en total contradicción con la doctrina y el estilo de vida que deberían haber modelado los seguidores de Cristo.

Anthony de Mello relata un cuento que ilustra este fenómeno: una estación de rescate en la orilla del mar, inicialmente formada por personas con un gran espíritu de sacrificio, comenzó a ganar reconocimiento y prestigio. Sin embargo, con el tiempo, fue inundada por aquellos que solo buscaban el prestigio y los beneficios sin querer asumir el esfuerzo. Finalmente, estas personas lograron sacar a los auténticos rescatadores, aquellos que trabajaban no por el prestigio, sino por los principios que dieron origen a la estación.

La historia de santos como Francisco de Asís, Teresa de Jesús y el Padre Pío es un recordatorio de cómo los auténticos cristianos han sido perseguidos por aquellos que solo buscan aprovecharse del trabajo realizado dentro de las instituciones religiosas.

Este fenómeno no es exclusivo de la Iglesia. Es una manifestación del principio de entropía en sistemas complejos: a medida que una organización crece y se hace conocida, tiende a simplificarse y descomponerse, siendo invadida por personas que buscan ventajas sin estar dispuestas a asumir los esfuerzos y sacrificios necesarios.

Para contrarrestar este proceso, los auténticos creyentes deben trabajar de manera constante para reproducirse y multiplicarse, formando una catequesis que dé a conocer lo que realmente significa dar sentido a la vida. Este trabajo debe estar enfocado en trascender la temporalidad y la finitud, alcanzando niveles superiores de manifestación, basados en los principios y visiones que caracterizan a quienes buscan la trascendencia.

Si nos llevan a la muerte, tenemos que resucitar, como el ave fénix que resurge de sus cenizas. La vida se ha desarrollado creando organismos sanos, cuerpos sinérgicos.

¡Aprender el idioma de los tiempos, sí!

¡Cambiar el mensaje eterno, jamás!

 

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