Disciplina y el amor
Un entrenador de atletas no puede darse el lujo de
querer ahorrarle el entrenamiento a los que se ejercitan si quiere llevarlo a
su máximo desarrollo.
Durante
mucho tiempo he observado el declive de diversas instituciones, especialmente
aquellas que han sido significativas en mi vida. He notado cómo se han
deteriorado significativamente después de la introducción de factores que,
aunque parecían ser beneficiosos en un principio, en realidad las desvirtuaron.
Escuchando
una entrevista reciente, finalmente comprendí con claridad este fenómeno.
Muchas veces, cuando nos movemos huyendo de algo, creemos que hemos escapado.
Sin embargo, esto es solo una ilusión, ya que aquello de lo que huimos puede
alcanzarnos eventualmente o surgir una nueva amenaza que nos empuje a seguir
huyendo. Es triste, pero nuestra vida puede transcurrir en ese engaño de creer
que hemos escapado, solo para volver a enfrentarnos al mismo problema o a uno
similar, porque siempre habrá algo que, como una fuerza invisible, nos empuje
hacia adelante.
He
planteado en otros escritos que solo nos movemos cuando algo nos hace sentir
incómodos o cuando algo nos atrae. Por eso es tan importante que descubramos la
grandeza de nuestra existencia y de la realidad en la que vivimos. Además, si
queremos disminuir el sufrimiento de quienes nos rodean, especialmente aquellos
a quienes amamos, debemos hacer lo posible para que ellos también "tengan
ojos y vean, y oídos y oigan".
Solo
quienes tienen un gran objetivo, una visión que les llena de esperanza, pueden
realmente disfrutar de la vida. La monotonía, la rutina y el aburrimiento
surgen cuando lo que nos atrae no está a la vista, o cuando, por alguna razón,
olvidamos lo importante que es mantener ese objetivo como nuestro foco
constante. Es asombroso cómo, a veces, los depredadores como leones o tigres se
acercan sigilosamente a sus presas, y estas permanecen impasibles hasta que el
depredador se mueve para atacar.
Por
otro lado, se ha observado que, por más que los padres intenten mostrar su amor
a sus hijos dándoles todo lo que quieren, a menudo el resultado es más
perjudicial que beneficioso. Donde no hay respeto y admiración, solo puede
operar el miedo. Los estudios han demostrado que, en una etapa infantil o
adolescente, ya sea a nivel individual o grupal, las personas no son capaces de
moverse sin ser guiadas por una autoridad.
A
menudo, se confunde el amor con la permisividad, pero en realidad, no es
posible que los padres muestren verdadero amor a sus hijos sin disciplinarlos.
Es necesario que entiendan los límites que deben mantener para que la vida se
sostenga. Cuando la vida se sale de sus límites, es equivalente a un suicidio,
voluntario o involuntario. Lo mismo ocurre con las organizaciones e
instituciones, desde la familia hasta una nación.
Esto
es tan real que, incluso en lo que se considera un libro sagrado, se dice que
Dios disciplina a quienes ama. Si las personas no respetan, admiran o valoran a
quienes les influyen, ¿cómo pueden ser guiadas? Dios no necesita que le amemos,
pero ¿cómo podemos contar con su guía, su iluminación, su misericordia y su
salvación si no lo hacemos?
Los
padres son los primeros representantes de Dios ante sus hijos. Los maestros son
como padres mientras los niños están en las aulas. Por lo tanto, los hijos
deben amar a sus padres, ya que si no lo hacen, tampoco estarán amando a Dios.
Los estudiantes deben amar a sus maestros porque, de lo contrario, la escuela
se convierte en un infierno. Sin embargo, tanto los padres como los maestros
deben estar a la altura, no abusando de su autoridad, sino mostrando el amor
que es característico de Dios en cualquiera de sus manifestaciones: como padres
o como maestros. Esto se extiende a cualquier manifestación de autoridad, ya
sea organizacional o institucional, donde deben crearse las condiciones para
que el respeto y la admiración justifiquen la obediencia y colaboración de
quienes son guiados.
Este
descubrimiento me lleva a una conclusión contundente. En la parábola del hijo
pródigo, es la distancia la que permite al hijo pródigo tomar conciencia de lo
que significa estar al lado del padre. La enseñanza aquí es que no es fácil
alcanzar un nivel de conciencia mientras se disfrutan de los privilegios al
lado del padre, sin que la necesidad en la distancia permita ese despertar, ese
"darse cuenta" que conduce a la valoración.
Podemos
concluir que es peligroso cuando las personas asumen cierto nivel de comodidad
y lo convierten en su zona de confort. Solo ante la necesidad, es probable que
despierten y valoren lo que tienen, como para no caer en la trampa de esa
conocida expresión popular: "no sabemos lo que tenemos hasta que lo
perdemos". Las instituciones que caen en esta desgracia, tarde o temprano,
terminan en un nivel de degradación y perversión de sus principios originales.
Cuando
un hijo, un alumno o un subalterno empiezan a entender la visión del padre, del
maestro o del superior, se produce un crecimiento que beneficia a ambos. Sin
embargo, es difícil que el hijo, el alumno o el subalterno se interesen en
darse cuenta de que deben aprender de las experiencias vividas por quienes los
guían. Si no aprenden de estas lecciones, es probable que repitan los errores
y, en el peor de los casos, colapsen sus propias vidas.
Cuando el padre, el maestro o el superior, motivado por una falsa empatía o un falso amor, intenta evitar que el hijo, el alumno o el subalterno atraviesen su proceso de aprendizaje, en realidad los está destruyendo. Además, está creando las condiciones para que la familia, la escuela, la organización o la institución no reciban el aporte valioso de ese individuo.
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